1. Del monopolio a la diversidad monetaria

1.2. Insostenibilidad del monopolio monetario

1.2.2. El comportamiento del actual sistema monetario

Según la concepción predominante del dinero, la economía es un sistema cerrado independiente de las externalidades sociales y medioambientales que genera, desentendiéndose completamente de ellas. Esta concepción, junto con las características del dinero convencional, fomenta que el actual sistema monetario sea el causante de consecuencias muy comprometedoras para la sostenibilidad de la sociedad y del medioambiente, entre ellas:

  • Insostenibilidad ambiental, derivada de la promoción compulsiva de la producción y el consumo. El crecimiento económico, tal y como está concebido actualmente, es intensivo en consumo de recursos naturales, principalmente no renovables o no asimilables por el medioambiente. Este modelo de desarrollo es ambientalmente insostenible en un planeta finito como el que tenemos.
  • Insostenibilidad socioeconómica, derivada de la concepción monopolística del paradigma monetario vigente y el mecanismo de emisión del dinero. Ello promueve comportamientos competitivos e individualistas que favorecen la concentración de riqueza. También el modelo de crecimiento económico constituye una fuente de insostenibilidad social por la inequidad en el reparto de las consecuencias de sus externalidades, tales como la generación de residuos, contaminación y degradación ambiental, la diversidad biológica y sociocultural.
  • Otros efectos derivados del funcionamiento del sistema monetario vigente, sobretodo vinculados con el hecho de que el dinero sea creado a través de deuda bancaria con interés, son los cinco siguientes fallos estructurales:
    • Comportamiento pro-cíclico. El dinero convencional moderno es creado como deuda bancaria, lo cual amplifica las fluctuaciones del ciclo económico y empeora la fragilidad ante las perturbaciones. Cuando todo va bien o las perspectivas son buenas, los bancos ofrecen créditos de forma generosa, tendiendo a alimentar períodos inflacionarios. Por contra, cuando las cosas van mal o se prevén futuros malos resultados, los bancos reducen drásticamente las ofertas de crédito, lo cual se traduce en períodos de recesión.
    • Cortoplacismo. Es la tendencia a centrar la atención en las ganancias a corto plazo, a costa del éxito o la estabilidad a largo plazo, sobretodo como consecuencia de la dificultad de calcular los riesgos. Las tasas de interés positivas descuentan los valores del futuro, provocando que los inversores prefieran poner sus fondos en proyectos a corto plazo, sin querer fondos a largo plazo (como sería el caso de la protección medioambiental, la educación…).
    • Obligatoriedad de un crecimiento continuo. Con demasiada frecuencia el crecimiento se confunde con el progreso. El primero es el aumento cuantitativo en el tamaño o el rendimiento de una entidad, mientras que el segundo se refiere a la idea de que el mundo pueda llegar a ser cada vez mejor. No se puede asumir automáticamente que todo el crecimiento conduce al progreso. Así mismo, el dinero creado como deuda bancaria se crea con interés y, por tanto, está sujeto al interés compuesto, lo que implica automáticamente un crecimiento exponencial desbocado. Y en un mundo finito, el crecimiento exponencial es matemáticamente incompatible con la sostenibilidad.
    • Concentración de la riqueza. Hay tres mecanismos sistémicos integrados en el actual sistema monetario que conducen a la concentración de la riqueza: el interés, el proceso de creación de dinero y el papel de los grupos de presión. La concentración de la riqueza no es un aspecto únicamente de justicia. El propio desarrollo económico depende de un mínimo de equidad.
    • Devaluación del capital social. Si se impone un sistema monetario fomentado básicamente por la competencia, el miedo, la desconfianza y la ansiedad, ¿cómo se puede esperar que los participantes apuesten por la cooperación, la responsabilidad, la confianza y la cohesión social?

La insostenibilidad ocasionada por el actual sistema monetario se traduce en una disminución del potencial de desarrollo sostenible de las comunidades, ya sea a nivel local, regional o nacional. Estos fenómenos son causados no solo por políticas monetarias imperfectas, regulaciones laxas o prácticas bancarias insalubres, sino más bien por una inestabilidad estructural en el sistema monetario y bancario en sí mismo. La fragilidad del sistema proviene de su propia estructura, un legado que se remonta hasta el comienzo de la era industrial. Esta estructura carece de la agilidad y la adaptabilidad necesarias para hacer frente a los acelerados cambios en el entorno económico y social que caracterizan nuestra época post-industrial. Carece de la resiliencia necesaria, término que desarrollaremos más adelante en este curso. La orientación de los esfuerzos realizados en el sistema es única y exclusivamente hacia la mejora de la eficiencia del sistema en la formación de precios e intercambios, cuyo valor será incluido en los indicadores que se utilizan para evaluar la prosperidad de esa sociedad. De esta manera, aquellas actividades y bienes que no son considerados eficientes, o que carecen de valor en el mercado, son excluidos del sistema y no computan en estos indicadores.

Figura 2