1. Del monopolio a la diversidad monetaria

1.3. Necesidad de un cambio de paradigma

1.3.1. El paso del pensamiento simple al pensamiento complejo

Vivimos bajo los principios de disyunción, reducción y abstracción de una lógica mecanicista cartesiana. La supremacía de un conocimiento fragmentado y dividido en disciplinas impide a menudo operar el vínculo entre las partes y las totalidades a fin de comprender los fenómenos complejos cotidianos. Ello da lugar a una pérdida de visión acerca de las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones. La visión actual del mundo como una máquina (figura 3a) ya no puede seguir vigente en nuestros modelos mentales de aprendizaje. Los enormes cambios a escala planetaria que se promueven día a día requieren de modelos modernos de pensamiento para interpretar al mundo en su conjunto como un ser vivo (figura 3b). El pensamiento complejo, basado en la no-linealidad, la organicidad y la multidimensionalidad, es la visión más actualizada para dar un cambio de enfoque al pensamiento mecanicista cartesiano.

Figura 3

El pensamiento complejo (o sistémico) nos permitiría precisamente entender las crisis mal llamadas financieras o bancarias como lo que realmente son: crisis sistémicas que deben ser resueltas no a nivel de síntomas sino a nivel de estructura. La aplicación de este pensamiento complejo en nuestras vidas, y en la economía, pasa por dejar atrás los sistemas tal y como los conocemos a día de hoy y empezar a entenderlos como sistemas complejos. Pasa por dejar atrás la visión fragmentada y la insostenibilidad (figura 4a), y evolucionar hacia la visión holística y la sostenibilidad integral (figura 4b y 4c).

Figura 4

Uno de los cambios de pensamiento más importantes de la ciencia en las últimas décadas ha sido el reconocimiento y el entendimiento de que la naturaleza de los fenómenos complejos no es lineal, ni predecible, ni mecánica, ni cartesiana, ni fragmentable. Los procesos económicos, sociales, culturales y ecológicos, al estar intrínsecamente integrados entre sí, gozan de una increíble no-linealidad y de una significativa dosis de incertidumbre.

Los sistemas complejos son sistemas que no se pueden descomponer, aquellos cuyas partes no pueden ser aisladas ni modificadas independientemente unas de otras. Un sistema complejo está caracterizado por una densa red de interrelaciones y flujos de energía entre los elementos que lo conforman, los cuales, a su vez, pueden ser de naturaleza diversa. Cuanto más complejo sea un sistema, mayor número de relaciones y mecanismos de feedback o retroalimentación existirán entre sus elementos.

Décadas de estudio de los ecosistemas naturales han llevado a una comprensión matemática acerca de cómo una estructura en red afecta a la viabilidad a largo plazo de un ecosistema, en función de la eficiencia o habilidad del sistema de procesar cantidades de materia, flujos de energía o información y la resiliencia o habilidad del sistema de recobrarse de disturbios. Estos estudios demuestran que la naturaleza no actúa para alcanzar la máxima eficiencia, sino que lo hace para encontrar un punto óptimo de equilibrio entre la eficiencia y la resiliencia. La curva que relaciona la sostenibilidad con sus propiedades emergentes presenta cierta asimetría, de modo que para lograr el punto óptimo la resiliencia es el doble de importante que la eficiencia (figura 5). No obstante lo anterior, todos los ecosistemas presentan unas condiciones todavía sostenibles dentro de un rango muy estrecho y específico alrededor del punto óptimo, llamado ventana de viabilidad.

Figura 5